Hay niños que se sientan, cenan tranquilos, agradecen el platillo… y luego existen los otros: los que brincan entre mordidas, hacen preguntas filosóficas a media sopa o insisten en que “no tienen hambre” mientras devoran galletas una hora después. Y adivina cuál me tocó criar. Así que si estás buscando ideas reales —y realistas— para …