Esta poderosa fuente de ácidos grasos omega-3 ha sido ampliamente estudiada en trastorno por déficit de atención (TDAH).
Los dos ácidos grasos omega 3 que se encuentran en los aceites de pescado son el ácido docosahexaenoico (DHA), que favorece la salud del cerebro, y el ácido eicosapentaenoico (EPA), que ayuda con la inflamación.
Mis fuentes alimentarias favoritas son los pescados grasos como el salmón y las sardinas.

También hay fuentes de origen vegetal, como la linaza y el cáñamo, pero no son tan absorbibles como las fuentes animales (es decir, hay que tomar mucha más cantidad en comparación con una fuente animal).
Seleccionar un suplemento
Considera la posibilidad de encontrar uno que sea puro y que esté hecho en un entorno libre de oxígeno (una menor oxidación conduce a una menor rancidez). Además, asegúrate de que tu marca ha sido sometida a pruebas de terceros para garantizar su calidad.
Mientras que la mayoría de los aceites de pescado en el mercado hoy en día tienen una proporción de 1:1 de EPA a DHA, te recomiendo que busques uno con una proporción de 7:1 o superior. Sigue las instrucciones del envase, que varían según el producto.

Estudios recientes han demostrado los beneficios del aceite de krill para mejorar el TDAH y una serie de trastornos mentales. Aunque no está tan bien estudiado como el aceite de pescado tiene algunas propiedades que hacen más atractiva su ingesta.
Al estar unido en una estructura de fosfolípidos (frente a los triglicéridos del aceite de pescado), es más biodisponible para el cuerpo.
Esto significa que se absorbe mejor y que se puede administrar una dosis menor. También contiene el poderoso antioxidante astaxantina, que también previene la oxidación y el enranciamiento.
La dosis aún no se ha establecido por completo. La dosis oscila entre 320 mg/día para los niños y 500 mg/día para los adultos.
En definitiva, consulta a tu médico para que estés más seguro de las cantidades que necesitas consumir.
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